MÁSCARAS DE ENTRENAMIENTO ¿SÍ O NO?

MÁSCARAS DE ENTRENAMIENTO ¿SÍ O NO?

EN LA BÚSQUEDA DE AUMENTAR EL RENDIMIENTO DE LOS ATLETAS, DIVERSAS COMPAÑÍAS DESARROLLAN DISPOSITIVOS PARA ENTRENAMIENTOS O COMPETENCIAS QUE ASEGURAN POTENCIAR ALGUNAS CUALIDADES. HACE POCO SURGIÓ UNA MÁSCARA DE ENTRENAMIENTO QUE ASEGURA BRINDAR LOS BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO EN ALTURA, E INCLUSO RECONOCIDOS DEPORTISTAS COMO EL TRIATLETA PETE JACOBS LA PROMOCIONAN. ¿ES ÚTIL O NO? DOS ESPECIALISTAS, CON OPINIONES CONTRAPUESTAS, LA ANALIZAN.

A FAVOR

POR MARIANO MASTROMARINOcaptura-de-pantalla-2017-09-07-a-las-22-40-47
La máscara de entrenamiento es una herramienta más para quienes buscan impulsar sus entrenamientos en búsqueda de conseguir un mejor resultado. Esta herramienta fue creada con el objetivo fundamental de mejorar nuestro VO2 máximo (consumo máximo de oxígeno), que es la capacidad que tenemos de absorber, transportar y utilizar el oxígeno. Esto ayudará a retrasar el umbral anaeróbico del atleta, retardando así el comienzo de la fatiga e incrementando al mismo tiempo, la capacidad pulmonar y la concentración mental.

La máscara se utiliza sobre el rostro, abarcando nariz y boca simultáneamente. Es fun- damentalmente un dispositivo que manipula la respiración, y consta de tres válvulas que regulan la entrada de oxígeno y cuyas aberturas simulan la hipoxia (reducción de oxígeno) característica que experimenta un atleta cuando entrena en diferentes altitudes.

El entrenamiento en altitud es muy utilizado por diferentes atletas del mundo en etapas previas a competencias importantes. Su principal dificultad radica en que, para quienes no viven en zonas de altura considerable, implica un viaje y sus correspondientes gastos. Los beneficios que aporta provienen de la hipoxia, que estimula la eritropoyesis y eleva de esa manera los valores de hematocrito, aumentando el transporte de oxígeno y la angiogénesis, lo que a su vez estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos y, con ello, mejora la utilización de oxígeno a nivel celular. La máscara de entrenamiento brinda, además de estos beneficios, un aumento del CO2 arterial y una respiración más lenta en la recuperación (hipoxia hipercápnica).

En lo personal, considero que la máscara es un buen instrumento para los objetivos que fue creada, pero es fundamental para ello que sea utilizada por deportistas de elite y dosificada por profesionales capacitados en el manejo de la manipulación respiratoria, con el fin de controlar los efectos adversos de un mal uso. Fuera de estas condiciones de uso no es recomendable.

  • Es una herramienta más para quienes buscan impulsar sus entrenamientos en búsqueda de conseguir un mejor resultado.
  • Simula la hipoxia generada en el entrenamiento en altitud, con beneficios conocidos para los atletas.
  • Es fundamental que sea utilizada por deportistas de elite y dosificada por profesionales capacitados en el manejo de la manipulación respiratoria.

     

    EN CONTRA 

    POR GUSTAVO REYES 

    El cuerpo responde fisiológicamente a la altitud por la disminución en la presión atmosférica. Si alguien disminuye la presión del aire inspirado, disminuye su densidad y la cantidad total de moléculas de aire en un volumen determinado. No es sólo falta de aire, sino la presión parcial del gas entrante.

    Aumentar los niveles de EPO (eritropoyetina, hormona encargada de aumentar la tasa de producción de glóbulos rojos) es un proceso que lleva tiempo, una adaptación que lleva semanas y requiere una constante presión atmosférica baja en el medio ambiente para desencadenar dicha adaptación.

    La máscara no modifica la presión parcial de oxígeno. La presión del aire entrante es idéntica a la presión atmosférica de la latitud en la que se está y, a menos que estemos en altura, dicho aire va a contener su ciente oxígeno como para bloquear las adaptaciones a nivel de glóbulos rojos, hematocrito y hemoglobina, típicas del entrenamiento en la altura. Sólo hace más difícil respirar, limitando el rendimiento, forzando al atleta a desperdiciar energía inhalando y resultando en un innecesario obstáculo para el entrenamiento.

    Ningún atleta, nunca, es limitado (sacando patologías como el asma) por la falta de aire que ingresa a los pulmones. Lo que sí hay, es una sensación de “falta de aire” y la necesidad de respirar “más”, lo cual es una respuesta del cerebro que detecta el estrés fisiológico. Respirar muy “forzado” puede incluso generar problemas.

    Si el objetivo es tener los beneficios hematológicos de la altura, la mejor estrategia es exponerse de manera crónica a ella, al menos por cuatro semanas y preferentemente entrenar en el llano de forma tal que la altitud no interfiera de manera negativa en la intensidad de la sesión. De allí nace el dicho “live high (desarrollar adaptaciones), train low (mantener intensidades)”. Las máscaras que “simulan” altura no aportan ninguno del los beneficios de la misma. Tu dinero y energía pueden ser invertidos en algún otro lugar.

    • El entrenamiento en altitud no significa falta de aire, sino un cambio en la presión parcial del gas entrante.
    • No modifica la presión parcial de oxígeno, sólo dificulta la respiración, lo que puede traer problemas.
    • Limita el rendimiento, forzando al atleta a desperdiciar energía inhalando y resultando en un innecesario obstáculo para el entrenamiento.
    Nota completa:  Revista O2